jueves, 5 de abril de 2012

LA CLAVE PARA ENTENDER LA EJECUCIÓN DE JESUCRISTO


 INTRODUCCIÓN

El Reverendo Howard Bess, es uno de los miembros de un grupo de investigadores (el tercer grupo) encargados de documentar con la mayor veracidad posible la existencia, no del Jesucristo cuya historia está basada en mitos y  especulaciones teológicas, sino del Jesucristo histórico, el activo  proponente y defensor de la justicia para todos; que además entendía que la justicia no debe ser un castigo sino una oportunidad. El Jesucristo histórico que encontró el comportamiento de los ricos despreciable y que miraba al liderazgo religioso con desdén. El Jesucristo histórico, que llego al templo y volteo las mesas en las cuales los especuladores de la época hacían su negocio; incidente que al final le costaría ser acusado de insurrección para luego ser ejecutado en la cruz. Marvin Najarro

El siguiente ensayo es una traducción del original en inglés publicado recientemente por el sitio web de la revista electrónica Consortiumnews.




Por Rev. Howard Bess, ministro bautista retirado



Los cristianos conmemoran de manera especial los eventos claves de la Semana Santa, pero a menudo pasan por alto uno de los más importantes.

El domingo de ramos  se celebra la entrada de Jesús en la ciudad de Jerusalén.  El Jueves Santo se celebra una solemne reedición de su última cena con sus discípulos. El Viernes Santo es una travesía dramática a través del juicio y su horrorífica muerte en la cruz romana. La Pascua es la celebración cristiana de la resurrección de Jesús de entre los muertos. Pero hay una pieza extraviada: Jesús volteando las mesas del dinero en el templo. Es el incidente que le otorga sentido a la semana de climáticos eventos. La tradición dice  que el incidente fue una limpieza ceremonial del templo de sus empresas comerciales, porque aquellos a cargo del templo habían convertido la casa de adoración en una empresa comercial. Jesús al voltear las mesas desbarató  la operación comercial montada por los sirvientes del templo dedicados al venta de animales requeridos para el sacrificio. Sin embargo, estudios avanzados sobre el tema están poniendo énfasis en comprender este histórico incidente en su contexto. La primera pieza del rompecabezas es el templo en sí. Como un ambicioso rey designado por el César de Roma, Herodes El Grande había gobernado Palestina por casi medio siglo, incluido el tiempo del nacimiento de Jesús. Herodes aunque afirmaba ser de sangre judía, era en realidad producto del mestizaje racial, razón que le imposibilitaba ser el Rey de los Judíos, ante la negativa de estos de aceptarlo como tal. Herodes El Grande fue también reconocido como un constructor. Durante su reinado se construyeron edificios civiles y puertos. Pero su gran proyecto fue la reconstrucción, expansión y reacomodamiento del templo judío en Jerusalén, que llegó a ser conocido como el templo de Herodes o el  Tercer Templo, como algunas veces se hacía referencia. A causa de esa historia, el reino de Herodes y la operación del templo estaban fuertemente interconectados. Fue la casi inseparable unión de gobierno y religión. Ofender al uno u otra (gobierno o religión) significaba ofender a ambos. Herodes El Grande murió en el año 4  a.d.c. cuando Jesús era todavía un niño. Durante el ministerio de Jesús, el hijo de Herodes, conocido como Herodes Antipas, fue quien se  desempeño como gobernante. La unión del reinado y el templo  continuaron.

Jesús creció y enseñó en una área rural 70 millas al norte de Jerusalén. Su fe fue moldeada, no por Jerusalén y el templo, sino por las reuniones semanales de los ancianos de la comunidad en la cuales ellos leían la ley judía (Torah) y discutían su significado. Jesús y sus seguidores tenían un contacto muy limitado con el liderazgo político, religioso y social de Jerusalén. La relación era a través de los delegados del gobierno romano de Herodes que también representaba el templo de Jerusalén. Los delegados o agentes del gobierno de Herodes hacían viajes regulares al norte rural de Jerusalén para recolectar ofrendas e impuestos.  Para entender a Jesús uno tiene que darse cuenta del profundo desprecio que él sentía  por el gobierno de Herodes y de los líderes religiosos que manejaban el templo. Hay una manera didáctica o técnica para entender mejor a Jesús y la última semana de su vida, llamada la tradición menorLa tradición mayor es la definición de sociedad establecida por quienes gobiernan y ejecutada por sus agentes o delegados. La tradición mayor se centra en ciudades en donde las instituciones encargadas de ejercer el control están localizadas. Para Jesús, ese lugar era Jerusalén. No existe evidencia de que en su edad adulta Jesús  haya alguna vez visitado Jerusalén previo a la última semana de su vida. La tradición menor es una crítica y conflictiva interpretación de la vida que surge mayormente en aquellos creyentes devotos, que han escapado la carga de la tradición mayor y de sus demandas por obediencia. El norte de Palestina, ubicada a 70 millas de Jerusalén, era el nido de la tradición menor. Los líderes de la tradición menor tenían como héroes a Isaías, Amos, Miqueas y otros profetas del Antiguo Testamento. Casi todos los profetas del Antiguo Testamento eran críticos de aquellos que controlaban el templo de Jerusalén. Juan El Bautista fue el primero de los profetas de la tradición menor presentado en las narrativas del evangelio. Sus agudas críticas contra los gobernantes le llevó a la muerte. Jesús  asumió el liderazgo.

Al haber reconstruido el contexto en el cual Jesús vivió y predicó, los investigadores modernos del Nuevo Testamento se han dado cuenta de que Jesús no fue una simple figura religiosa. El fue un crítico severo de aquellos que controlaban el templo, de aquellos que controlaban el imperio y de aquellos que controlaban el sistema económico que mataba de hambre y robaba a los pobres dejando a los huérfanos y viudas totalmente desamparados. Para Jesús todas estas cuestiones estaban íntimamente ligadas. Jesús en tanto el permaneció confinado en el norte rural fue mayormente un desconocido e inocuo crítico. Claramente el era un predicador apocalíptico. El proponía la eliminación del sistema corrupto. El creía que los días de los opresores estaban contados. Pero él creía que el derrocamiento del sistema podría lograrse por medio del amor, la misericordia y la bondad. Jesús llevo su apocalíptico mensaje a Jerusalén. Sin embargo, llamar su arribo una entrada triunfal es desenfocarse completamente del punto. El escogió entrar en Jerusalén montado en un burro como una mofa al gobernante montado en su caballo. Era una forma antigua de teatro callejero que Jesús y sus seguidores utilizaron para realzar su argumento. La tradición mayor que era la aceptada por las masas de Jerusalén estaba siendo ridiculizada por una figura de la tradición menor.  

Pero el punto crítico de la visita de Jesús a Jerusalén, se dio cuando el visitó el templo. En ningún sentido el vino para adorar y hacer sacrificios. El vino para interrumpir y hacer pronunciamientos a cerca del juicio de Dios sobre toda la operación. Jesús no fue al templo a limpiar o purificar. El vino al templo para anunciar la destrucción de toda una forma de vivir. Aquellos que operaban el templo no tenían el poder para silenciar a Jesús y ocasionar su muerte. Esos poderes estaban en las manos de los agentes o delegados romanos. Los cargos hechos en su contra pueden resumirse como insurrección. Hubo tres cargos específicos: alentar a no pagar impuestos, amenazar con destruir la propiedad (el templo) y decir que era un reyFue el incidente en el templo que llevó a Jesús de ser un irritante e inocuo rebelde del norte rural, a convertirse en una amenaza en una ciudad que controlaba la tradición mayor. Los agentes de Roma lo mataron en la cruz. El significado teológico de toda esa serie de eventos permanece en nuestras propias manos. Sin embargo, la clave para entender la semana de la crucifixión de Jesús, es el incidente en el templo.









Publicado por Marvin Najarro
CT., USA. 

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