domingo, 13 de enero de 2013

CUANDO LOS ECONOMISTAS…



(…) Si un negocio desarrolla una forma de bajar los costos, puede capturar el mercado. Pero, como Marx lo señaló, los costos laborales son un enorme factor a la hora de determinar el precio de un producto. Por lo tanto aquellos negocios que minimizan los costos laborales son los que pueden prevalecer en el mundo del capitalismo en donde un perro se come a otro perro.
Pero Krugman no hizo referencia alguna a este aspecto del análisis de Marx y en su lugar identificó otros dos factores que contribuyen al crecimiento de la desigualdad en la riqueza entre capitalistas y trabajadores, ambos de los cuales son discutidos por Marx.



CUANDO LOS ECONOMISTAS TRADICIONALES
DESCUBREN A MARX




Por Ann Robertson y Bill Leumer


Paul Krugman descubre a Marx (y no capta la idea)


En una reciente columna en el New York Times, el profesor de Princeton y columnista regular del Times, Paul Krugman hizo la siguiente observación:

“La economía estadounidense, desde donde se le evalué, permanece profundamente deprimida. Pero las ganancias empresariales han alcanzado un máximo record. Esto es simple: las ganancias como parte del ingreso nacional han aumentado, mientras que los salarios y otras compensaciones laborales han descendido. El pastel no está creciendo de la manera que debería -pero el capital está haciéndolo bien al llevarse una gran tajada, a expensas del trabajo”.

Y luego con incredulidad, agrega: “Esperen -¿estamos realmente de regreso para platicar a cerca del capital vs trabajo? ¿”No es eso anticuado, casi una discusión de tono marxista, obsoleta en nuestra  moderna economía de la informática”?

Este es exactamente el conflicto que Marx identificó como la fundamental e inescapable contradicción del sistema capitalista que eventualmente crearía las condiciones para su caída: Existe una tendencia para los propietarios de negocios, los capitalistas, de acumular cada vez más vastas riquezas mientras que la gente que trabaja para ellos experimentan un decline en sus estándares de vida.

Marx respaldó esta conclusión ofreciendo una descripción del mecanismo fundamental por el que opera el capitalismo. El capitalismo está basado en el principio de la propiedad privada y la competición. Los negocios privados compiten los unos con los otros para atraer a los consumidores, y aquellos que fallan en atraer un número suficiente fracasan eventualmente. Pero para poder atraer consumidores, los negocios deben maximizar la calidad de sus productos a la vez que minimizan su precio. Si dos productos poseen la misma calidad pero uno es más barato, los consumidores, en busca de su propio interés, compraran la versión más barata -todos los otros factores siendo iguales.

Esto significa que el capitalismo constantemente debe procurar minimizar el precio de sus productos simplemente por su propia supervivencia. Si un negocio desarrolla una forma de bajar los costos, puede capturar el mercado. Pero, como Marx lo señaló, los costos laborales son un enorme factor a la hora de determinar el precio de un producto. Por lo tanto aquellos negocios que minimizan los costos laborales son los que pueden prevalecer en el mundo del capitalismo en donde un perro se come a otro perro.

Pero Krugman no hizo referencia alguna a este aspecto del análisis de Marx y en su lugar identificó otros dos factores que contribuyen al crecimiento de la desigualdad en la riqueza entre capitalistas y trabajadores, ambos de los cuales son discutidos por Marx.

El primer factor conlleva la introducción de tecnología en el proceso laboral, i.e. tecnología que disminuye el empleo de mano de obra. En otras palabras, la tecnología remplaza trabajadores o reduce la cantidad de habilidades requeridas en el proceso laboral. Un ejemplo actual, se ha desarrollado un software que, a la vez que analiza documentos legales en una fracción de tiempo del que toma a un abogado, su costo es mucho menor. En consecuencia, muchos abogados con buenos pagos pierden sus trabajos a causa de tal software. Viviendo durante la era industrial, Marx ofreció muchos  de tales ejemplos.

Krugman se refirió a su segundo factor, que explica el incremento de la desigualdad entre el capitalista y el trabajador, como el “el monopolio del poder” de las grandes corporaciones en donde “el incremento en la concentración de negocios puede ser un factor importante en el estancamiento de la demanda laboral, ya que las corporaciones usan su creciente monopolio del poder para incrementar los precios sin compartir las ganancias con sus empleados” Aquí Krugman se aproxima al corazón de la teoría marxista.

Krugman está básicamente argumentando que las grandes corporaciones usan su poder para hacer caso omiso de tendencias puramente económicas y simplemente demandar que sus empleados trabajen por menos. Pero este es exactamente el punto del marxismo, aunque desde la otra dirección. Marx argumentó persistentemente que el capitalismo no podía funcionar sin la voluntad de la clase trabajadora para trabajar. Cuando los trabajadores se organizan y se empeñan en acciones colectivas suspendiendo su labor, el balance del poder cambia en favor de los trabajadores quienes pueden entonces demandar salarios más altos como condición para retornar a trabajar, como lo hizo recientemente la ILWU (International Longshore and Warehouse Union) en la Costa Oeste y los maestros en Chicago.

Sorprendentemente, Krugman nunca menciona la declinación en la organización sindical como un factor de enorme peso que explica la caída del estándar de vida de la clase trabajadora, agregando que ha habido muy poca discusión de estos desarrollos. Pero otros como el ex secretario del Trabajo, Robert Reich, han discutido estas tendencias e identificado el decline en la organización sindical como un factor mayor.

En los años 1930 cuando los sindicatos peleaban tenazmente por la clase trabajadora, se lograron enormes victorias en términos de salarios y beneficios. Los sindicatos conducían huelgas de brazos caídos y movilizaban a decenas de miles de personas de las comunidades para apoyar las luchas de los trabajadores. Su éxito fue en gran medida el responsable para la emergencia de la llamada clase media que prosperó en los 1950 y 1960.

Los trabajadores organizados, actuando colectivamente y con energía, pueden cambiar el panorama económico. Pero una vez la organización sindical se vuelve complaciente y afloja su guardia y cesa de combatir, las leyes del capitalismo ineluctablemente trituran sus ganancias y la desigualdad retorna hasta que los trabajadores de nuevo se levantan.


Marx argumentó que eventualmente los trabajadores verían la futilidad de este ciclo que se repite, empezaran a rechazar el capitalismo, y a construir una sociedad socialista enteramente edificada en principios humanísticos y democráticos.

En un reciente artículo en el New York Times sobre la sindicalización de trabajadores en la escala más baja del pago, un organizador sindical fue citado al decir, “Nosotros debemos retornar a las estrategias de la interrupción no violenta de los 1930”. Actualmente las organizaciones sindicales están casi que muertas. Las huelgas son como especies en extinción. En lugar de empeñarse en luchas militantes, los miembros de los sindicatos son urgidos a elegir a Demócratas quienes luego hacen un llamado a los trabajadores para que acepten sacrificios. 

El presidente de la AFL-CIO Richard Trumka ha hecho un llamado a la gente trabajadora para que “luche encarnizadamente” para resistir recortes al Seguro Social y Medicare. Pero estas son solo palabras. A esta fecha, los sindicatos han fracasado en movilizar a sus miembros para montar demostraciones masivas   a todo lo largo y ancho del país contra los recortes a estos populares programas sociales – demostraciones que podrían culminar en cientos de miles de gentes trabajadoras descendiendo sobre Washington, D.C. para hacer claras sus demandas a la administración de Obama y al resto de los políticos. Sin los sindicatos encabezando estas batallas, es muy poco lo que los trabajadores individualmente pueden lograr. Y si los sindicatos rehúsan retornar a sus raíces militantes y permanecen invisibles, economistas como Paul Krugman continuaran ignorando su existencia y pasando por alto su actual fracaso en defender a la gente trabajadora. 




Traducido del inglés por  Marvin Najarro



Ann Robertson es profesora en la San Francisco State University y miembro  de la California Faculty Association. Bill Leumer es un miembro de la International Brotherhood o Teamsters, Local 853 (ret.). Abos son escritores para Workers Action y pueden ser contactados a @workerscompass.org










Publicado por LaQnadlSol
CT., USA.

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